HASTA QUE CAMBIES

En Ecuador hay cerca de 200 establecimientos entre legales y clandestinos,  donde se tratan adicciones a drogas y alcohol. Entre los pacientes, hay también hombres y mujeres homosexuales y transexuales, a quienes se les intenta "curar de su desviación". Encarcelados en contra de su voluntad, los internos están sujetos a tortura emocional y física disfrazada de terapia, a través de alimentación forzosa, violencia física y violación correctiva, entre otros.

 

Durante seis meses entrevisté a una de las víctimas, una mujer que había estado reclusa en una de estas clínicas, con el tiempo, reuní testimonios eventuales de otras mujeres. La imposibilidad de grabar dentro de estos centros debido a su alto hermetismo, hizo que contar esta historia con prácticas de documentación tradicionales fuera descartado.

 

Pensé que si mi familia no me hubiera aceptado cuando les revelé mi homosexualidad, podría haber sido una más de las jóvenes enviadas a estas instituciones en espera de una cura. Influenciada por esta noción, elegí recrear los testimonios siendo protagonista de las imágenes. Incorporé mis propias emociones y experiencias con métodos teatrales para explorar el abuso al que fueron sometidas estas mujeres.

 

Estas imágenes permiten ver lo que no se suponía ser visto. La perversión en forma de píldoras y libros de rezos; el régimen de “feminidad forzada” con maquillaje exagerado, faldas cortas y tacones altos; tortura con cuerdas o guantes de goma; la soledad del encierro; y la violación «correctiva».

 

La legislación ecuatoriana prohíbe el tratamiento a homosexuales, aún así, la mayoría de estas prácticas continúan sucediendo. Ni las leyes ni el activismo han cambiado las actitudes en mi país. Hasta que no se reconozca el derecho humano a la orientación sexual o la identidad de género, sólo queda esta “enfermedad que tratarán de curar”.

Conciliar el sueño se vuelve difícil para las chicas. Se les dice que son una abominación a Dios, a su país, una decepción para sus padres. Ella es una paciente involuntaria en una clínica ilegal.

A las 6 de la mañana, se les pide a las jóvenes que se formen, de tres en tres para ingresar al baño. Si no responden con orden y obediencia, se les amenaza con disciplina severa y su mal comportamiento se registra en un cuaderno.

Ella está sola por un máximo de siete minutos, un mínimo de cuatro, para su ducha. Lo que sigue son horas de música católica, estudio estricto del libro de Alcohólicos Anónimos y terapia para su "desorden" de homosexualidad.

El estudio minucioso de la Biblia y la oración les toma las mañanas, las tardes y las noches. Las jóvenes son instruidas a orar sentadas en sillas, de pie o de rodillas. El personal se mueve alrededor para comprobar que estén orando con los ojos cerrados. Si no lo hacen bien o si no aprenden correctamente los pasajes bíblicos, se les anota en el libro de anomalías.

El maquillaje de la mañana es, según los terapistas, cómo las niñas deben divertirse. Contratan a travestis y a drag queens para que lleven a cabo clases grupales sobre trenzar cabello, manicura y maquillaje.

Frente al espejo, la "paciente" es observada por otra chica, quien controla la manera correcta de la aplicación del maquillaje. A las 7:30 am, mancha sus labios con un rojo fuerte, un poco de polvo en sus mejillas, hasta que sea considerada una "mujer apropiada".

Las internas entran en el comedor en línea. Dicen 'buen provecho', comen su almuerzo en silencio y dicen gracias. Tienen que permanecer en silencio. En sus platos, atún y arroz pan o sopa de fideos aguada.

Entre comidas, la puerta del refrigerador permanece con candado. En ciertas ocasiones, los residentes pueden solicitar que los padres les lleven cierto tipo de comidas. Pero de lo contrario la refrigeradora permanece cerrada todo el tiempo.

Durante el fin de semana a las internas se les permite ver una película mientras comen una galleta o un trozo de chocolate. Es el único momento de placer que tienen cada semana cuando las demandas de la rutina semanal afectan emocionalmente a las chicas.

Cada mujer recluida pasa horas y horas de su tiempo en tareas de limpieza. Cada día se le asigna un lugar: la oficina, el pasillo, la cocina o el baño. Las chicas más tarde recuerdan sentirse vacías o peor aún, no sienten nada. Si el personal no está satisfecho con su trabajo, las insultan y las golpean en el acto.

Para los materiales de limpieza, la joven está equipada con una esponja, un trapo y un cepillo de dientes.

Si el insomnio no les mantienen despiertas, son los sonidos de las mujeres que son torturadas. Uno de los terapeutas pone música religiosa en volumen alto durante toda la noche para enmascarar el ruido.

Al entrar en cualquier habitación, las internas siempre se encuentran con un altar o un santuario de Jesús o María. El personal cree que están haciendo el trabajo de Dios, salvando a los jóvenes del diablo.

Una chica es golpeada con un cable de TV por no levantar su bolso de una silla, a menudo otras adolescentes homosexuales en el centro son testigos de estos hechos. Un libro de anomalías dignas de castigo se lee en voz alta diariamente para el grupo.

A girl is beaten with a TV cable for failing to pick up her bag from a chair, often other gay teenagers in the centre witness this. A book of anomalies worthy of punishment is read aloud daily to the group.

La bebida era peor que los golpes. No obligaban a beberla a las que habíamos sido castigadas por mala conducta. No sabíamos que estábamos bebiendo. Las mujeres del centro sospechábamos que era una mezcla de cloro, café amargo y agua del inodoro.

Una de las jóvenes busca sus propias maneras de escapar. Se toma el contenido de una botella de champú con la pequeña esperanza de que sea llevada a una cama de hospital, fuera del centro para adicciones.

Los recuerdos de las internas regresan a su mente a través de imágenes de cables, sogas y guantes los cuales son descritos en muchas de sus historias.

En el cuarto de baño, hay que tener cuidado a la hora de fregar. "Usábamos un cepillo de dientes y todo debía quedar reluciente. Si cometíamos cualquier mínimo error, los vigilantes empujaban nuestras cabezas contra el inodoro y nos asfixiaban hasta que todo estaba perfecto".

Una de las mujeres permaneció atada toda la noche. Sus padres la habían sedado y secuestrado para llevarla al centro contra su voluntad. Allí, era frecuente que el personal del centro la atase a la cama o al baño durante muchas noches.

El dueño del centro monitorea a los residentes usando cámaras de seguridad que existen por todo el centro. Cuando llega a su casa vigila a las internas desde las pantallas que tiene instalado en su hogar.

El terapeuta sabe que las internas lesbianas no tienen permiso de hablar entre ellas. Una de ellas es atrapada pasándose notas y  es llevado a la sala de terapia. Cuando ella llega, música religiosa esta tocando a todo volumen. El terapeuta la golpea en el pecho, ordena que se arrodille en el piso frío y le abre los brazos. Ella toma el peso de las biblias, una por una, ella aguanta el peso de las biblias.

Como parte del régimen diario diseñado para "curar" la homosexualidad, el ejercicio se lleva a cabo por la mañana temprano o por la noche. Un terapeuta grita a las chicas mientras hacen flexiones en el piso.

Cada noche las internas toman diferentes tipos de pastillas, a menudo son descritas como vitaminas pero ninguna son etiquetadas. Los medicamentos varían en color; Algunos causan insomnio, otros la pérdida de memoria. Una de las internas sospecha, pero no está segura, de que fue violada después de tomar una de estas pastillas.

Bajo la mirada del terapeuta masculino, las internas son forzadas de vestirse con faldas cortas, maquillaje y tacones para practicar caminar como "mujeres reales". El acto es emocionalmente agotador, humillante y físicamente doloroso.

Algunas de las jóvenes han relatado que fueron violadas por varios empleados varones como parte de los programas de tratamiento para curar la homosexualidad. Otras aún tienen vagos recuerdos que sugieren que fueron agredidas sexualmente, tras haber sido drogadas.

Créditos:

Dirección:

Paola Paredes

Producción:

Paola Paredes

Daniela Roepke

 

Asistentes de Cámara y dirección:

Ana Maria Vizcarra

Dasha Sánchez

 

Actores:

Paola Paredes

José Luis Espín Rivadeneira

Andrea Ordoñez

Esther Cevallos

Julia Lozada

Verónica Villegas López

 

Dirección Teatral:

Alejandro Aulestia Tapia

Esther Cevallos