Poco antes había sufrido un colapsó mental que me dejó hospitalizada por varios días, estaba apenas recuperándome de ese impacto. La verdad es que he estado luchando contra la depresión y la ansiedad desde la adolescencia, aunque nunca lo he expresado públicamente. Me han diagnosticado todo tipo de cosas en mi vida, entre ellas: Bipolaridad II y trastorno depresivo, ansioso y obsesivo. Debido a mi reciente visita al hospital, Covid-19 no fue oportuno en su tiempo de llegada.

 

 

Cuando empezaron a llegar los rumores de un virus esparciéndose por el mundo, no me preocupé demasiado, pero a medida que el tiempo pasaba, no pude escapar de los titulares fatalistas. Llegado el momento en que mi propio examen dio positivo para COVID 19, sentí pavor instantáneo

 

 

 

Contraje el virus después de visitar la casa de mis amigos más cercanos. Sabía que no debíamos abrazarnos, pero con lo que había vivido, anhelaba ese contacto humano. Tras la visita, me refugié en casa de mis padres, no quería estar sola. Unos días después, recibí la noticia: mis amigos estaban contagiados. Fue un baldazo de agua fría. Me alejé desesperadamente de mis padres temiendo por su salud y me puse en cuarentena, sola en mi apartamento. Mi estabilidad mental se derrumbaba y empezaron a aparecer los síntomas del virus. Mientras tanto uno de mis amigos era trasladado a Cuidados Intensivos con pronóstico reservado.

 

La ansiedad volvió con fuerza y sus estragos también: presión y dolor en el pecho, dificultad para respirar, dolores de cabeza y temblores. Lloraba, el llanto hacía que mi nariz se tapara y los pensamientos obsesivos inundaban mi cabeza confundiéndome. Me preguntaba: - ¿qué es esto que siento, es el coronavirus o la ansiedad? ¿Los síntomas son tan similares, cómo puedo diferenciarlos? ¿Y si es el virus y necesito ir al hospital? ¿Y si llego a necesitar una UCI, habrá alguna disponible? - Tratando de salir de la cárcel de mi mente me concentraba en mi respiración. Comencé a monitorear mi nivel de oxígeno - siempre que no bajara de noventa, - los números me devolvían la tranquilidad.

 

Las sensaciones fueron y vinieron durante siete días y mi monólogo interno siguió. El psiquiatra y el médico me observaban desde el teléfono. Aun tomaba la medicación psiquiátrica que me habían dado en el hospital y ahora tenía que agregarle a eso nuevos medicamentos para controlar los síntomas del coronavirus. Entre las decenas de pastillas, la enfermedad, la soledad, los pensamientos obsesivos y el miedo de haber enfermado a mis padres, mi mente viajaba en una espiral hacia la locura. Sentí que ya no podía estar sola.


 

Con el esposo de mi amiga aún gravemente enfermo en el hospital, y ella con su hijo de cinco años, tratando de reponerse a su propio desastre, con la aprobación de un médico decidí buscar refugio en su casa para pasar juntas la tormenta. Finalmente, después de estar hospitalizado durante 3 semanas, mi amigo regresó a casa con sus pulmones debilitados por el virus, pero estaba con vida.

Pasamos en cuarentena los cuatro juntos hasta reponernos de nuestros síntomas. Finalmente, un martes, a través de un mensaje de texto, el médico confirmó que los cuatro estábamos libres de COVID. Reímos y nos abrazamos.

 

Durante estos días, me obligué a crear una bitácora visual de mi experiencia, la llené imágenes y escritos espontáneos. Aun me pregunto si alguien en el mundo vive una experiencia similar y sobre cómo las condiciones y circunstancias particulares de las personas, crean experiencias únicas durante la cuarentena. La pandemia está agravando los síntomas de personas con enfermedades mentales y contraer coronavirus cuando se lucha además con una condición así, puede llevarlas al límite.